Puno

Economía social de mercado

Los partidos se están sometiendo a una especie de quiropráctico para centrarse con miras a las próximas elecciones. Es que la praxis de la política, que muchas veces detecta dislocaduras en la teoría, ha demostrado que es perjudicial irse a los extremos. Aunque no faltan los recalcitrantes y empedernidos, tanto de izquierda como de derecha, que se obstinan en postular radicalismos obtusos que más parecen actos reflejos que ideas salidas del análisis y la reflexión.

Muchos políticos de derecha ponen a Venezuela y Cuba como ejemplos para advertir que la izquierda lleva a crisis económicas, pobreza y desempleo. El chavismo —hoy devenido en madurismo— y el castrismo no son nuevos, tienen décadas, pero no han desanimado a los electores de muchos países, desde México hasta Chile, para elegir a gobiernos progresistas. En la región, últimamente se ha elegido a regímenes que tienen esta posición política en Nicaragua —aunque no democrática—, Honduras, Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Argentina y Chile. Y todos estos gobiernos izquierdistas han sido elegidos en diferentes épocas, por lo que el fracaso de un país con régimen izquierdista no ha desanimado a la población de otro a respaldar en las urnas a un candidato con la misma línea política.

Por su parte, políticos de izquierda advierten que los gobiernos de derecha han fracasado y por esa razón no han vuelto a ser elegidos en varios países. Sin embargo, esto no es del todo cierto, pues varios gobiernos conservadores sí han podrido logran destacables gestiones.

Hay un aspecto importante aquí que es necesario remarcar. Si bien la principal bandera que enarbola la derecha es el libre mercado y su mayor rechazo es contra la empresa pública, mientras que la izquierda predica lo contrario, vale decir, el control de precios y la estatización, muchos regímenes conservadores y progresistas aplican economías mixtas con cierto éxito, como ocurre en varios países desarrollados de Europa.

En realidad, esa es la llamada economía social de mercado, que está consignada incluso en la Constitución y que es mal entendida por los políticos, tanto de extrema derecha como de izquierda radical. Este concepto, por ejemplo, fue tergiversado por Pedro Castillo, cuyo gobierno no tuvo rumbo en materia económica. Esperamos que los prejuicios y mezquindades no pongan una venda en los ojos a los próximos candidatos presidenciales haciéndolos actuar como barras bravas, descartando la posibilidad de intercambiar ideas, lo cual es necesario porque hay que aprovechar siempre los aspectos positivos de las propuestas del rival. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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