Puno

El verdadero rostro de la pobreza

En el Perú, para medir el nivel de  pobreza monetaria, se considera al gasto como indicador de bienestar, en el cual el valor de la canasta mínima total (alimentos y no alimentos), valorizada para el año 2019, es 352 soles mensuales per cápita (equivalente a $90.95); las personas cuyo gasto mensual es menor a dicho monto son consideradas pobres.

La métrica que se usa para establecer la línea de pobreza no responde a la realidad, la pregunta es ¿quién puede vivir con 352 soles al mes?. Resulta paradójico que este nivel de ingreso cubra el valor de la canasta mínima. El año 2012, el Instituto Nacional de Estadística e informática (INEI) actualizó la metodología en la medición de la pobreza monetaria; parámetros que subestiman la situación real del país.

Veamos la situación de otros países de Sudamérica, solo para compararnos con algunos de ellos. Citaré a Chile, Colombia y Uruguay. En Chile se considera en situación de pobreza a las personas que perciben un ingreso mensual inferior a $170.851, equivalente a 661.19 soles; en Colombia el índice de pobreza monetaria es de $331.688, equivalente a 1,283.55 nuevos soles y en Uruguay el indicador de pobreza es en Montevideo $317, equivalente a 1,227.11 soles y en el interior del país $252.54, equivalente a 977.33 soles.

Es necesario precisar que los países usan distinta metodología para establecer el índice de pobreza; sin embargo, todas están relacionadas a la capacidad monetaria de satisfacer las necesidades básicas; de manera que la comparación resulta válida y patética.  Evidentemente, los indicadores de pobreza en el Perú no son para nada realistas; aun así, los niveles de pobreza y extrema pobreza son alarmantes. Actualmente, cerca al 30% de la población se encuentra en condición de pobreza y el 8% en condición de extrema pobreza.

A la sazón, si realizamos un ejercicio de realismo y solo elevamos el indicador de pobreza a niveles de Chile 661.93 soles, fácilmente el 60% de la población, tendría la condición de pobre.

Esta es nuestra realidad y por lo tanto el más grande desafío. La superación de la pobreza constituye no solo un imperativo ético, sino un requisito indispensable para lograr mayores niveles de desarrollo. Esto pasa por políticas serias, que fomenten la inversión para la generación de empleo, promover la educación, salud y seguridad de calidad para todos. Un Estado de pleno derecho con equilibrio de poderes.

A despecho vivimos tiempos intrincados, donde prima la incertidumbre y decisiones erráticas; verbigracia, se ha venido implementando medidas populistas que han debilitado la seguridad social y el futuro de los trabajadores con la farra de la CTS que en conjunto representado hasta el momento el 7 % del PBI, con incidencia directa en la inflación presionándola para arriba, desestabilizando el sistema financiero y encareciendo el crédito, por el correlato en el incremento de la tasa de referencia por el BCR, para controlar la espiral inflacionaria. Y si a todo esto, le sumamos el clima de convulsión social, la paralización de las inversiones con grado regresivo, se incrementará el enfriamiento de la económica, que puede conducirnos a una situación de recesión, con grave incidencia en los niveles de pobreza.

*Consultor en microfinanzas

(*) La empresa no se responsabiliza por los artículos firmados.

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