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El voto emocional o el mal menor

Un cibernauta publicó ayer en sus redes sociales que un candidato lo alegra, un segundo lo apena, un tercero lo intriga, un cuarto le da náuseas y un quinto lo hace vomitar. Luego concluye que su voto es ‘emocional’. Son tantos los candidatos y tan repetitivas las propuestas, que muchas personas no elegirán por planes de gobierno u ofertas electorales, sino por quién les cae mejor, el que les inspira más confianza o parece más capaz. O, simplemente, optarán por darle su voto al que creen es el ‘mal menor’, como en elecciones anteriores. Lo ideal es el voto racional, pensado, con el conocimiento de las propuestas, las capacidades y la calidad moral del candidato. Sin embargo, el voto emocional sigue ganando terreno en los procesos electorales.

Hasta hace unas décadas, los principales partidos políticos y sus líderes tenían grandes bolsones electorales que se identificaban con ellos por sus posiciones políticas e ideológicas, idearios y planes de gobierno. Muchos militantes hasta conocían al pie de la letra sus reglamentos estatutarios y lineamientos programáticos, los cuales debatían en cafés, bares, parques y plazas.

Los tiempos han cambiado. Esos otrora grandes partidos, pese a su larga trayectoria y el protagonismo que tuvieron en la historia del país, son solo un recuerdo. Hoy, hasta en los pocos partidos tradicionales que aún quedan el respaldo que logran no se debe a la militancia y la identificación, sino por la simple coyuntura y la circunstancial relevancia que puede tener un líder de turno.

Los analistas y asesores políticos aún no profundizan sobre el crecimiento del voto emocional y su implicancia en los resultados, primero en las encuestas y luego en las propias elecciones. Según la investigación titulada ‘El voto emocional: Un análisis del rol de las emociones en el comportamiento político del elector peruano’, cuya autora es María Gracia Becerra, de la PUCP, “no han tomado en cuenta, dentro de sus explicaciones, las nuevas aproximaciones que parten del sujeto, enfatizan las limitaciones del actor racional e incluyen los sesgos psicológicos dentro de los modelos que explican el comportamiento político”.

Hay mucho que investigar sobre el voto emocional, que puede ser motivado por la necesidad de elegir al mal menor. Sin embargo, lo más saludable para el país es que los electores apelen al raciocinio para evaluar los atributos y defectos de tal o cual candidato para, al final, si lo merece, respaldarlo con su voto en las urnas. – #LaNoticia #MaríaGraciaBecerra #PUCP #Opinión

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