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Llora Puno, fallece Julio Arenas conocido como la primera “China Sajra”

Foto/Difusión.

SEMBLANZA DE UNA CHINA SAJRA.

La emoción me embarga, porque recordar es vivir y luego describir el ayer cuando han pasado más de 5 décadas del tiempo aquel, por entonces estudiantes de colegio San Carlos, muchachada gallarda y risueña con anhelo vehemente nos colábamos a los conjuntos folklóricos para confundirnos con el fragor de la música y la danza. Por supuesto que eran otros tiempos, otros días de sol, de lluvia y/o sequía que irrumpían el mes de febrero para matizar el escenario telúrico y propicio para la festividad entremezclada con el culto, la religiosidad y veneración a la Santísima Virgen de la Candelaria en la fiesta más grande e importante del Perú.

Sólo éramos un par de adolescentes vecinos e hinchas del Barrio Mañazo y de los Sikuris, conducidos, por las familias Mamani, Yucra y otras, que eran gentes prósperas, comerciantes en carnes que de generación en generación cultivaron y siguen cultivando la música de los “Sikus” sumados al baile de diablos, diablillos, chinas sajras y figuras zoomorfas en la fiesta de la patrona de Puno, La Mamita Candelaria. Ya dentro del Conjunto, decidimos innovar e implementar la vestimenta de la China Diabla, robusteciendo la figura, dándole vida, garbo y vigor en la ejecución del baile conjuncionado con el sentir personal y ritmo de la música del sicuri de Mañazo.

En la fiesta de la Mamita Candelaria, se paga para bailar, los trajes de luces tienen un precio de alquiler y aparte hay que tener un remanente para gastos menores y para apagar la sed que demanda el intenso trajín de la danza desde las albas hasta el cacharpari incluyendo los ensayos…

Y es que el puneño no menoscaba su economía para cumplir con la promesa de bailar por la Virgen ante el temor del castigo divino; pero nosotros los “misios” de aquel entonces, nos ingeniábamos para confeccionar nuestros propios disfraces; y así aparecieron las figuras de Apache (Enrique Mallea), mexicanos, llinta morenos, zorro, león, cóndor, gallo (desaparecidos) junto a achachis, mañaceño, osos, gorilas, muerte, esqueleto, calavera,, diablos, diablillos, la China Sajra, como esposa al lado del diablo mayor llamado Caporal; configurando el mayor clan del infierno que se desborda por calles y plazas hasta el templo San Juan para recibir la bendición de la Mamita, siendo los Sikuris del Barrio Mañazo el primer conjunto que se le permitió el baile de la tremenda corte del averno en el interior del Santuario.

Vestirnos de chola, no costaba, mucho como un caporal u otra figura de luces, porque hasta el traje del “siku” de Mañazo tenía su costo. No era fácil vestir a la china diabla sin antes conseguir: Pollera de chifón, mantón de seda, bluza floreada, centros con encajes, cabellera blonda¸ aunque para ello había que desvestir a la “Muchacha”. La máscara luciferina se confeccionaba donde el “cara-cara” o car-car, maestro especialista en máscaras de yeso. Las nuestras eran dos especiales, tenían un rostro divino surcado por serpientes, ojos brillantes, nariz bifurcada y dientes de fuego; eran dos caretas para dos figuras de china sajras, una era rubia del loco Meneses y la otra morena del loco Arenas.

Según Goethe, la danza es la poesía del cuerpo y Nietzche lo define como la más completa y perfecta de las artes porque expresa la vida en movimiento.

– Soy la china sajra, calincha y traviesa, sin rostro, sin bordados de hilo de oro, de plata, sin más pedrerías que adornen mi traje especial de chola. De cuerpo esbelto y talle cimbreante; cabellera rubia o cabellera negra, de hermosa careta, de ágiles e insinuantes piernas y abultados pechos.

Soy la china diabla bailarín anónimo, que levanta manes e incita al deseo… de Pucka pollera o Kello pollera cual una bandera levantada al aire; lleva la comparsa de sikus y diablos, figuras y reinas, las que se desbordan por calles y plazas al compás de un huayño llamado sikuri.

Saltando o brincando, meneando mi cuerpo, felino en el ritmo, ágil en el brinco de acera a acera suelto y saltarín, voy de cuadra en cuadra contagiando el alma de los que me miran.

Desde el Parque Pino a la Plaza de Armas, va la china china, baila que te baila; recibe a su paso sonoros aplausos también ironías amargas y dulces… ¿pero quién es ese?

¡Qué se han creído! Con cierto desprecio a la negra Yolanda o la rubia Rocío?… mientras tanto el baile prosigue su curso como un río humano de grandes olas.

Los niños nos siguen, las viejas preguntan: ¿De dónde han salido ese par de locas? Los curiosos niños se enteran primero porque al Kaipin tienda del cabo cuchillo llegó la comparsa sedienta de tragos y los bailarines se quitan sus máscaras y al beber cerveza descubren sus rostros y los chiquitines atentos al caso, gritan a los vientos confundiendo a veces: es el loco Arenas y el loco Meneses. ¡Mañazo, no hay caso! (JAP Febrero 1963)

Me extasiaba bailar de China sajra, junto a mi compañero de fatigas Juan Meneses Díaz y al lado de impresionantes caporales: N. Escarcena, Casco Velasco, Artemio Valderrama, Tito Garnica, Jaime Paredes y otros; junto a ellos, aparte hacíamos el espectáculo más grande de la Candelaria, no sé qué talento le imprimíamos al paso saltarín y picaresco bien marcado con el uno, dos, uno, dos y en el tres y cuatro ya estábamos en el aire, con giros, ademanes en el movimiento sincronizado, sin perder el ritmo ni el compás de la música, aparte de las bromas y travesuras al público y a los amigos que se descocaban por saber quienes éramos. Después aparecieron Leandro Macedo, Vicente Núñez y la última en cerrar el siglo de la fama fue el Volvo Montesinos.

La ejecución del baile del sikuri en el conjunto del Barrio Mañazo es en una forma libre de cada persona, concordante con la figura que personifica. Se baila como se percibe la música de zampoña, como llega como se siente en el espíritu y en el corazón; y a nuestro libre albedrío ejecutamos los movimientos, poniendo en cada paso el amor, la fe y nuestros sentimientos en el vibrar de las cañas de las zampoñas y al compás del tum, tum, tum del bombo.

Y así se fueron 20 años bailando en los Sikuris del Barrio Mañazo, los demás años fueron de Caporal, pero lo que me reconforta es el recuerdo feliz de ser la mejor china diabla de todos los tiempos, siempre recordada y al haber contribuido al fomento del folklore, amar y a querer a Puno y a lo nuestro por sobre todas las cosas.

FUENTE: LOS ANDES

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Puno Vive
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