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Mitos y verdades sobre el uso del dióxido de cloro

Foto/Difusión.

Ante la falta de tratamientos eficaces contra el nuevo coronavirus, muchas personas recurren al uso de sustancias no probadas para uso médico, como el dióxido de cloro. Los promotores de este compuesto químico le atribuyen propiedades curativas, pero su uso tiene potenciales riesgos para la salud. Una persona falleció hace unas semanas en Ayacucho por consumir este producto. Aquí te explicamos por qué no puede ser considerado un medicamento.

A más de seis meses del inicio de la pandemia, aún no se ha aprobado ningún medicamento para la prevención o tratamiento específico de la Covid-19. Es por eso que, junto al desarrollo de una o varias vacunas, los equipos de investigación de todo el mundo continúan poniendo a prueba diferentes fármacos, a través de ensayos clínicos que evalúan su seguridad y eficacia. Algunos de estos han obtenido resultados promisorios en la reducción o control de síntomas, pero aún no existe una cura.

Sin embargo, como indica el artículo Tratar el Covid-19: separar el entusiasmo de la evidencia, publicado en OjoPúblico en junio último, los métodos no probados se han convertido en el sello distintivo de esta emergencia sanitaria. Ante esta incertidumbre, muchas personas recurren a sustancias que no cuentan con autorización para el consumo humano y son potencialmente tóxicas para su salud. Ese es el caso, por ejemplo, del uso del dióxido de cloro.

¿Por qué no se realizan ensayos clínicos?

En diferentes espacios de comunicación, sus promotores han pedido que la sustancia se someta a ensayos clínicos. Es decir, que se pruebe el dióxido de cloro en pacientes con Covid-19. Sin embargo, especialistas consultados por OjoPúblico coincidieron en que eso no es posible porque este producto no fue concebido como un fármaco, sino como un desinfectante (biocida) y, por lo tanto, no ha superado las fases previas de investigación científica, ni ha demostrado un mecanismo de acción coherente contra el nuevo coronavirus.

Lo que sí se ha evaluado es su toxicidad en animales (ratas), para analizar y advertir los posibles daños que generaría su consumo en altas concentraciones, teniendo en cuenta su aplicación en plantas de tratamiento de agua potable. Dichos estudios revelaron que el compuesto químico es potencialmente tóxico, explicó Alfonso Zavaleta Martínez-Vargas; especialista en farmacología y docente de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

“Llevar el dióxido de cloro a una investigación con seres humanos tiene restricciones éticas. No se puede tomar a un grupo de pacientes, darles dióxido de cloro y ver si se mueren o les pasa algo (…) [En Estados Unidos] en los años ‘80 se demostró que es un compuesto tóxico”, sostuvo el especialista.

De manera general, toda sustancia que aspire a convertirse en medicamento, debe cumplir con un estructurado proceso y acreditar seguridad y eficacia. De acuerdo a la Guía de desarrollos preclínicos de la Fundación Genoma España, el desarrollo de un nuevo fármaco empieza con una fase de descubrimiento, donde se define el objetivo terapéutico (enfermedad a tratar) y, a partir de eso, se identifican moléculas que tienen un efecto específico en la patología. Se trata de un proceso complejo, que implica el desarrollo de modelos predictivos in silico (en computadoras) e in vitro (en tubos de ensayo).

“Se tiene que razonar que tiene sentido. No se puede probar cualquier sustancia con cualquier enfermedad”, señala Xavier Giménez Font, investigador y profesor de química ambiental de la Universidad de Barcelona.

Imagen: Fundación Genoma España

PROCESO. Etapas en el desarrollo de un fármaco, según la Guía de desarrollos preclínicos de Genoma España.
Imagen: Fundación Genoma España

Después de superar esa fase, se pasa a la etapa preclínica, donde se realizan pruebas a nivel celular (todavía in vitro) y, luego, en modelos animales (in vivo). En este punto es donde se estudia el principio activo del fármaco y, además, se evalúan criterios como el toxicológico; para reducir y anticipar el riesgo para humanos.

“LLEVAR EL DIÓXIDO DE CLORO A INVESTIGACIÓN CON HUMANOS TIENE RESTRICCIONES ÉTICAS”, PRECISÓ ALFONSO ZAVALETA.

Por sí solos, dichos procedimientos no aseguran la efectividad y seguridad de un medicamento. Por eso, en la siguiente fase, la etapa clínica (donde se hacen los ensayos con personas) se establecen las dosis y se analizan sus posibles efectos adversos.

De acuerdo a los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), es difícil establecer una relación de causa y efecto, entre una sustancia y una enfermedad, sin un ensayo clínico bien diseñado. El reporte de casos (estudios de observación) de uno o más pacientes, no pueden probar que un elemento sea causante del otro.

Es por esto que, como indica el reporte breve N°34 de EsSalud, ninguna entidad académica, de investigación o de salud “ha visto razonable estudiar potenciales efectos de prevención o tratamiento de esta sustancia en Covid-19, pues no existiría plausibilidad biológica ni indicios clínicos preliminares”.

Por lo tanto, no es viable desarrollar un estudio clínico con la participación de voluntarios, debido a que la sustancia no tiene un objetivo terapéutico y, en consecuencia, tampoco existen estudios preclínicos, ni las condiciones para desarrollarlos.

¿Qué es el dióxido de cloro?

El dióxido de cloro (ClO2) es un gas sintético de color amarillo, compuesto por dos átomos de oxígeno y uno de cloro. Es soluble en agua y, al entrar en contacto con este elemento, se reduce principalmente a clorito (ClO2-), un compuesto oxidante, capaz de alterar las moléculas orgánicas. Se utiliza como desinfectante en plantas de tratamiento de agua potable o en superficies (en un nivel máximo de 0.8 mg/L). Y, además, se emplea como agente blanqueador en la industria del papel, madera y textiles.

A la fecha, no hay evidencia científica que respalde su uso como medicamento y, como advirtió la Dirección General de Medicamentos (Digemid), la promoción y comercialización de este producto, para el consumo humano, es ilegal en el Perú. Esta disposición se basa en alertas emitidas por agencias reguladoras internacionales, como la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), que desde el 2010 insta a los consumidores a no comprar ni usar este producto, al que considera “peligroso”.

Actualmente, lo que se comercializa como CDS (chlorine dioxide solution) es el gas de dióxido de cloro diluido en agua. Para su preparación, se recurre a la combinación de clorito sódico y ácido clorhídrico (o cítrico); mezcla que también se oferta bajo la denominación de Solución Mineral Milagrosa (MMS, por sus siglas en inglés). “Que esté diluido, sin embargo, no le quita al producto la propiedad de dañar células”, explica el farmacólogo Alfonso Zavaleta.

¿Es lo mismo que la lejía?

El término ‘lejía’ alude a una variedad de sustancias oxidantes y desinfectantes. No obstante, la lejía de uso doméstico tiene como componente activo al hipoclorito sódico, de fórmula NaClO. El clorito sódico (del CDS), por su parte, es de fórmula NaClO2 y, al tener un átomo de oxígeno adicional, es más oxidante y, por ende, más potente.

Si bien ambos son oxidantes y desinfectantes, no es correcto señalar que se trata de la misma sustancia. “Estrictamente no son lo mismo, pero sus mecanismos de acción guardan similitudes”, explica Xavier Giménez Font, investigador y profesor de química ambiental de la Universidad de Barcelona.


ATACA A LOS COMPUESTOS QUÍMICOS QUE FORMAN PARTE DE LOS ORGANISMOS”, DIJO EL INVESTIGADOR XAVIER GIMÉNEZ.

La lejía, aunque es menos corrosiva, también debe utilizarse con precaución. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), por ejemplo, recomienda que únicamente en situaciones de emergencia, se emplee como desinfectante del agua y con medidas muy estrictas: dos gotas de lejía de uso doméstico (hipoclorito de sodio), por cada litro.

Esa fue la situación, por ejemplo, durante la emergencia por el Fenómeno del Niño Costero de 2017 -época en la que el Ministerio de Salud instó a purificar el agua con esta mínima cantidad, a fin de evitar enfermedades diarreicas- o durante la epidemia de cólera, a inicios de los años ’90. Su uso, asimismo, no se debe confundir, pues no se empleó como medicamento, sino como desinfectante del agua.

¿Es efectivo contra los microbios?

El profesor Xavier Giménez precisa que por su alta capacidad oxidante, el dióxido de cloro (al igual que otros derivados del cloro) es considerado un biocida (de ahí su uso como desinfectante). En resumen, puede modificar la estructura de cualquier molécula orgánica como las proteínas o lípidos. ¿El problema? Tanto células humanas como patógenos están compuestos por estos elementos, y el dióxido de cloro no diferencia entre los “buenos” y los “malos”.

“Ataca a los compuestos químicos que forman parte de los organismos: proteínas y ácidos nucleicos, entre otros, modificando su forma y estructura y, así, dejan de cumplir su función. Estos compuestos se encuentran en cualquier forma de vida, por lo cual, [el dióxido de cloro] no distingue [entre células humanas y microorganismos a eliminar]”, explicó el investigador a OjoPúblico.

Asimismo, precisó que la principal diferencia con los medicamentos es que estos actúan de manera específica contra proteínas claves, que pueden ser, por ejemplo, las que conforman la estructura exterior del Sars-Cov-2.

Infografía. ¿Por qué el dióxido de cloro no cura la Covid-19?

Infografía: Claudia Calderón

¿Qué sucede al ingerir dióxido de cloro?

Las concentraciones de soluciones de dióxido de cloro comercializadas para el consumo, superan los límites permitidos para potabilizar el agua. Por ejemplo, Andreas Kalcker, un autodenominado biofísico y uno de los mayores promotores de la sustancia, recomienda consumir 30 mg del compuesto en un litro de agua, distribuido en 10 tomas, cada día. Dicha proporción es mucho mayor a la permitida por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA): 0.8 mg por cada litro de agua para desinfectarla.

“Muchos se preguntan por su utilización en el agua potable, pero la concentración es diferente, es mínima. En la desesperación de no contagiarse de la Covid-19, las personas empiezan a tomar esta sustancia y se la dan a su familia por 15 días, un mes. Son concentraciones altas que, a la larga, generan daños”, explica el médico internista e integrante del Comité de Cultura del Colegio Médico del Perú, Armando Rodríguez Huayaney.


EL DIÓXIDO DE CLORO OCASIONA LESIONES EN EL APARATO DIGESTIVO”, SEÑALÓ EL FARMACÓLOGO ALFONSO ZAVALETA.

Bajo niveles mínimos, cuando el dióxido de cloro ingresa al cuerpo se transforma rápidamente a clorito y, luego, a cloruro; que abandona el cuerpo a través de la orina en horas o días. En cambio, en concentraciones superiores, el dióxido de cloro provoca desde irritaciones y lesiones en la boca, esófago y estómago, hasta daños mayores en otras partes del cuerpo y dificultades respiratorias. Esto, debido a que su efecto oxidante puede desnaturalizar las funciones de los compuestos orgánicos.

“Dependiendo de la concentración, lo que va a ocasionar son principalmente lesiones en el aparato digestivo (estómago y vía digestiva). Por eso, la diarrea es frecuente en los casos de intoxicación. También se puede absorber en el cuerpo y producir la oxidación de la hemoglobina o generar hipoxia (estado de deficiencia de oxígeno en la sangre)”, señaló el farmacólogo Alfonso Zavaleta.

Precisamente, uno de los argumentos más difundidos por los promotores del CDS, en relación a la Covid-19, es que la molécula de dióxido de cloro (ClO2) tiene la capacidad de disociarse y liberar oxígeno. Esto no se ajusta a la realidad, pues, de acuerdo al profesor Giménez Font, el oxígeno no está libre para actuar. “Actúa de forma completa, no se separa en componentes”, precisó.


SI A UN PACIENTE DE COVID-19 LE DAN DIÓXIDO DE CLORO, SE VA A COMPLICAR”, SEÑALÓ EL QUÍMICO JOSÉ APESTEGUÍA.

Por el contrario, el dióxido de cloro puede actuar como agente oxidante convirtiendo la hemoglobina (proteína transportadora de oxígeno), en metahemoglobina, que no puede unirse a otras moléculas de oxígeno y, por lo tanto, dificulta la oxigenación del organismo.

La reacción es más peligrosa cuando la solución de dióxido de cloro se administra vía intravenosa, como es suministrada en algunos centros médicos del país, identificados por OjoPúblico semanas atrás. “[En estos casos, como cuando se ingiere en grandes cantidades] el ClO2 oxida el hierro ferroso (Fe2+) y lo transforma a férrico (Fe3+), y la hemoglobina pasa a ser metahemoglobina; que produce insuficiencia respiratoria. Si a un paciente de Covid-19 con falta de oxígeno le dan dióxido de cloro, se va a complicar”, señaló José Apesteguía Infantes, químico farmacéutico, toxicólogo y director del Centro de Control Toxicológico (Cicotox) de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Además, en aquellos casos donde se usa de manera profiláctica, aunque las dosis sean bajas, una exposición a dióxido de cloro prolongada provoca una disminución de glóbulos rojos. “Incluso la gente que toma soluciones muy diluidas va a desarrollar anemia con los meses”, resalta Xavier Giménez.

Los daños que puede causar la ingesta de grandes cantidades de dióxido de cloro, también alcanzan al hígado (insuficiencia hepática), los riñones (insuficiencia renal) e incluso al corazón (arritmia cardíaca). “Hasta podría llevar a una hemorragia digestiva, problemas a nivel hepático y renal, e incluso la muerte”, precisó el decano del Colegio Químico Farmacéutico del Perú, Marcial Torres Caballero.


INCLUSO LA GENTE QUE TOMA SOLUCIONES MUY DILUIDAS VA A DESARROLLAR ANEMIA CON LOS MESES”, INDICÓ XAVIER GIMÉNEZ.

Los efectos en la salud de la exposición a esta u otras sustancias peligrosas siempre dependen de la dosis, duración y modo, entre otros factores. No obstante, como señala el artículo “Dióxido de cloro y derivados del cloro para prevenir o tratar la Covid-19: Revisión sistemática”, publicado en la Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública, los productos ofertados como CDS o MMS, “además de no contar con evidencia científica sobre su eficacia, carecen de registro sanitario; con lo cual no es posible estandarizar una dosis máxima que, al menos, permita asegurar que dicha sustancia pueda ser inocua”.

Sobre su inhalación, por otro lado, la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades (ATSDR) indica que respirar aire con gas de dióxido de cloro puede causar irritación de la nariz, garganta y pulmones.

¿Hay interés de las compañías farmacéuticas por no difundir el dióxido de cloro?

El accionar de las grandes compañías farmacéuticas ha sido cuestionado no solo en Perú, sino en todo el mundo. En 2018, el proyecto de investigación The Big Pharma Project de OjoPúblico, demostró que las farmacéuticas apelan a lobbies, acciones judiciales y multiplicación de patentes, entre otros métodos, para prolongar los monopolios de fabricación y venta de aquellos fármacos que les generan más ingresos.

No obstante, como indica la química y estudiante de doctorado en Ciencias Geológicas en la Universidad de British Columbia, Brenda D’Acunha en el artículo “Desmintiendo el dióxido de cloro o MMS: Recursos contra la pseudociencia”, las industrias farmacéuticas no son las únicas con laboratorios que crean y prueban medicamentos. En todo el mundo hay institutos y universidades, que realizan estas investigaciones. Pero, una vez más: hasta el momento, no hay ningún estudio publicado o pre-publicado sobre el uso del dióxido de cloro como medicamento.

¿Y las personas que aseguran que el dióxido de cloro las curó?

Un estudio publicado en Jama, en donde participaron más de 72 mil casos del nuevo coronavirus, concluyó que aproximadamente el 80% de personas que se contagian de la Covid-19 se recuperan espontáneamente, 15% requieren de atención médica y solo 5% demandan cuidados especializados, como ventilación mecánica.

“La mayoría de la gente se cura sin tomar nada. Por lo tanto, no puedes afirmar que un medicamento actúa, si no puedes distinguir [su efecto de la] autocuración”, señaló Giménez Font, investigador y profesor de química ambiental.

En la misma línea, Leonid Lecca García, médico epidemiólogo y director general de Socios En Salud, explica que para demostrar una relación directa entre un medicamento y sus beneficios se tienen que cumplir las diferentes etapas de una investigación, con el fin de evitar un efecto placebo: una aparente mejoría (a nivel subjetivo), como consecuencia de la aplicación de cualquier tratamiento, sea efectivo o no.

“Podría darle paracetamol a alguien [con Covid-19] y, de repente, empieza a mejorar. De eso no se trata. Se necesita toda una investigación científica. Mientras tanto, solo queda en la anécdota y, lo peor que podemos hacer, es seguir recomendaciones que no están basadas en la evidencia científica y que podrían causar daños”, precisó.

FUENTE: OJO PÚBLICO

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Puno Vive
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