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Navegando en el Tiempo (VI): La Batalla Naval de los Uros

Bienvenidos a nuestro viaje semanal por la historia de la navegación en el lago Titicaca. Por favor, nos ponemos los salvavidas para ir primero a la mitad del siglo XVI, época en la que vimos navegando el primer bergantín español, al mando del famoso marino Juan Ladrillero.
Iremos a la península de Capachica. ¿Están preparados?. Listo ya llegamos. Es hermosa y de buen clima esta parte del lago que junto a la peninsula de Chucuito forman la bahía donde se encuentra la ciudad de Puno. Por favor miren a estribor (derecha), allá en la orilla un grupo de hombres está construyendo varios barcos. Allá hay uno casi terminado, es otro bergantin. Los bergantines tienen dos mástiles, velas cuadradas y remos en los costados. Su tamaño es variable, pero éste es como los que utilizan los españoles en los ríos de la selva buscando el Dorado, con unos 20 metros de eslora (largo), tres y medio de manga (ancho) y unos dos metros y medio de calado y 8 remos a cada lado.
Por allá esta Pedro Peralta Cabeza de Vaca, Encomendero y dueño de este que es el primer astillero lacustre en el Perú. Esta construyendo estas naves para comerciar con ropa y alimentos entre los pueblos del lago.
Se dice que la madera para los barcos la traen de Larecaja, es el llamado Tuco, y también de la selva. En otros casos las naves son traídas desarmadas, como las 8 que en 1617 envió el Virrey Borja y Aragón a Juli y que llegaron desde Islay cargadas por 60 mulas. Estas naves hacían servicio en el lago y transportaron materiales para la reconstrucción de la basílica de la Virgen de Copacabana.
Dejemos Capachica y vayamos ahora al año 1633 para ver en directo una batalla naval, la única que está documentada por los cronistas españoles. Antes quiero contarles que desde que se empezó a explotar Potosí (1545) los españoles impusieron el trabajo forzoso en la mina, la mita minera. Muchos huían y se escondian en el lago.
La mita obligaba a miles de familias enteras a viajar hasta Potosí caminando casi 500 kilómetros para trabajar allí jornadas de 12 a 15 horas durante 17 semanas, luego de lo cual muchos ya no podían regresar, sólo 2 de cada cinco personas volvían.
Los que más se resistieron a la mita son los uros, ellos nunca quisieron abandonar el lago y menos someterse a los a los pueblos de tierra firme, que los consideran salvajes. Los uros mismos para diferenciarse radicalmente del resto solían decir que no son humanos.
Listo. Ya estamos en 1633, sobre el rio Desaguadero. Vean, vean, por allá vienen unas 20 balsas de totora, cada una con unos 10 hombres armados con lanzas, mazas y cuchillos. No, no son los uros, son aymaras comandados por el curaca de Chucuito que con algunos españoles viene a enfrentar a los uros, quienes se han rebelado porque los españoles han asesinado a su líder Juan Cachacayo y a otros, cuyas cabezas cortadas han sido colocadas en postes en el puente de Desaguadero.
Desde hace tiempo los uros atacan los pueblos de Chucuito, quemando iglesias y rechazando la obediencia al Rey de España.
Miren, miren, los uros en sus balsas están saliendo de los totorales, también están armados, algunos nadan a pesar del agua fría y atacan por sorpresa. Su jefe es Pedro Laime y son más diestros manejando las balsas y conocen bien los totorales. La lucha es de balsa a balsa y los uros llevan ventaja.
Este combate no debería haberse producido, pues la mita minera afecta a todos, pero los curacas han aceptado esta imposición e incluso reciben pago por enviar las familias a cumplir la mita.
Vamos por allá, a donde se ve la polvareda que levantan los caballos de los españoles. Son unos 70 jinetes bien armados, parte de ellos esta entrando a los totorales, pero los caballos empiezan a caer. ¡Son los uros que escondidos tiran sus boleadoras de tres puntas para enredar las patas de los caballos.
Los atacantes retroceden y los uros empiezan a celebrar. No podemos entender lo que dicen, pues hablan el uro-pacaya, una lengua ya extinta.
Los Uros resistirán durante muchos años, en algún momento incluso aceptarán ser reducidos en tierra firme en Zepita, pero volverán a huir y rebelarse nuevamente. Sólo serán derrotados cuando en 1677 cuando un fuerte ejercito de españoles ataque sus refugios en el lago. Muchos serán llevados a otras comunidades y otros obligados a trabajar hasta su muerte en las minas de Potosí y Esquilache. Si los uros prácticamente han desaparecido, se debe en gran parte a toda la represión que sufrieron en esos años.
Hoy sus descendientes con su presencia dan testimonio de este gran pueblo que aprendió a convivir con el lago respetándolo y aprovechándolo sosteniblemente y que perfecciono la navegación en las modestas pero muy eficaces balsas de totora .
Ahora si, volvemos al puerto, se acabó este viaje. Los que se animen pueden acompañarnos la próxima semana en que viajaremos a ver otros acontecimientos en la historia de la navegación en el lago. Hasta pronto.
Bibliografía Principal
Choque R. y Albo X., 2003. Cinco Siglos de Historia. CIPCA.
Melo R., 1907.Historia de la Marina del Perú. Southwell.
Busto JA, 1972. Historia Marítima del Perú Siglo XV. Instituto de Investigaciones Histórico Marítimas. Lima.
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