Puno

¿Otro Estado pusilánime y permisivo con la delincuencia?

Empezó relativamente bien. La presidenta Dina Boluarte sorprendió a muchos con su mensaje en contra del golpe de estado. Sorprendió más aún con su disposición de atender a la prensa independiente, cosa que su antecesor rehuyó cobardemente.

Incluso, la declaratoria de Estado de Emergencia fue una decisión acertada y valiente. Igualmente, acertada fue la firmeza de la Policía Nacional del Perú (PNP), secundada por las Fuerzas Armadas (FFAA), en el restablecimiento del orden público, frente a los sucesos que acontecieron inmediatamente a continuación del fallido golpe.

Repito, todo iba bien… hasta hace un par de semanas que volvió la pasividad y permisividad de la PNP y las FFAA frente a los bloqueos de carreteras, quema de vehículos particulares y de la PNP, apedreamiento de ambulancias y efectivos policiales, con muertes y heridos graves de por medio, más destrozos en aeropuertos y otros actos vandálicos que ocurrieron, sobre todo, en las regiones del Sur del país.

¿Qué pasó? ¿Por qué de buenas a primeras el Estado se puso del lado de los delincuentes, dándole la espalda a los ciudadanos y policías del país? ¿Otro Estado blandengue y pusilánime? ¿Otra vez el maltrato político de alto vuelo… directo a la yugular de la PNP? ¡Como si los desaires y humillaciones perpetrados por los expresidentes Vizcarra, Sagasti y Castillo no hayan sido suficientes! ¿Qué moral puede quedar en la PNP si a sus efectivos los mandan desarmados – como carne de cañón – a enfrentar a delincuentes armados con hondas, piedras, palos, bombas caseras, e incluso, armas de fuego?

Así las cosas ¡qué puede hacer la PNP si recibe órdenes superiores en el sentido de que no se tolerará “ningún herido”! Por supuesto que “ningún herido” se refiere a “ningún delincuente herido”. Porque policías o ciudadanos heridos, o bebitos muertos por no poder llegar a tiempo a los hospitales, o millones de peruanos empobrecidos por no poder trabajar por la arrogancia de unos delincuentes subversivos … ¡eso no es problema para el Estado! Estamos – pues – nuevamente ante un Estado… que no es Estado. Como los Estados permisivos y pusilánimes del pasado reciente. Estados que maltrataron cruelmente a sus ciudadanos, mientras tendían alfombras rojas para que delincuentes hagan de las suyas, impunemente.

O sea, todo lo contrario de lo que la coyuntura exige: un Estado con liderazgo. Un Estado que impone el principio de autoridad y legalidad. Un Estado firme e implacable con la delincuencia y la corrupción. ¡Tremendo problema!

(*) Ex presidente Regional de Ica

* La Dirección periodística no se responsabiliza por los artículos firmados

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