Puno

San Marcos Liberada

Las protestas que asolan el país son actos de barbarie, subversión y terrorismo. Muchos repiten el absurdo lugar común de que son protestas legítimas y que se les debe llamar al diálogo. Lamentablemente, ni son legítimas ni se puede dialogar con quienes actuando como irracionales están destruyendo el Perú. Hay gente que solo entiende el diálogo de las pedradas, los golpes y las pistolas.

Las protestas no son legítimas porque sus demandas no se enmarcan en lo legal y constitucional. La idea absurda de liberar al delincuente Pedro Castillo es irrealizable. El cierre del congreso tampoco es posible, no existe un mecanismo que permita que se haga a la medida de los caprichos del lumpen.

La convocatoria a una Asamblea Constituyente tampoco, y finalmente, la renuncia de Dina Boluarte es algo
que queda a criterio de esta; sin embargo, ya se está trabajando en el adelanto de elecciones. Lamentablemente, parte de la prensa, en su afán de parecer políticamente correcta, califica a terroristas y subversivos como manifestantes. Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre. En ese sentido no hay que sembrar más dudas sobre la legitimidad de la entrada de la policía a la universidad de San Marcos.

El ingreso de la policía a esta casa de estudios está plenamente justificado y, contrariamente a lo que dicen
las cacatúas del zurderío y sus tontos útiles, no afecta a la autonomía universitaria, sino que, al contrario, la
fortalece y protege.

El pronunciamiento de la propia universidad es claro. Los invasores no habían cumplido con el acuerdo de abandonar el campus en el plazo acordado. Su presencia impedía el normal funcionamiento de la universidad y, por otro lado, habían agredido al personal y robado diversos equipos de seguridad. Es decir, cuando la policía ingresa a San Marcos no solo desaloja a invasores y secuestradores, sino que captura en flagrancia a
delincuentes y lo hace al amparo del estado de emergencia.

La imagen de los subversivos echados en el piso bajo el control de la policía reconforta. El gobierno que parecía ir a la deriva y no tomar decisiones será el más beneficiado de esto. Este episodio en San Marcos será un hito de la reacción del estado de derecho frente a la acción subversiva.

Tal vez sea el inicio del fin de la asonada en Lima. La rectora de San Marcos, Jerí Ramón, ha manifestado que no conocía los detalles de cómo ingresaría la policía, pero está de acuerdo con retomar el control del campus. Qué diferencia con el rector de la UNI, el caviar López Chau, que comete malversación al abrir las puertas de un espacio público para alojar a los subversivos. La contraloría deberá tomar en cuenta estos graves hechos.

(*) Analista Político

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